¡Bienvenido un día más!

Como ya te comenté por Instagram, he estado dos semanas desaparecida por Georgia (la exsoviética, no la americana). Durante este tiempo he podido aprender y compartir muchas cosas sobre turismo con personas de otros países (Ucrania, Letonia, Italia, Armenia y Georgia). Además, he podido conocer bastante en profundidad una cultura que a priori parecía súper diferente de la española, sin embargo, nada que ver, los georgianos son personas abiertas en su mayoría, de fácil trato, fiesteras y gentiles, vuelvo a España con el sentimiento de que he conocido un país más donde me gustaría poder vivir una temporada.

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Telavi (Georgia)

Por otro lado, lo que sí he podido observar en Georgia, han sido diferencias sustanciales a la hora de elegir los alimentos que se incluyen en cada comida y la forma de cocinarlos, e incluso las raciones de cada uno de ellos, además de los horarios. Es justo esto en lo que me quiero centrar en este blog, en realzar un tema que está bastante vigente estos días: el desayuno perfecto.

Todos los días teníamos el desayuno a las 9 de la mañana, una hora más que correcta para empezar el día. Bajábamos al restaurante y allí encontrábamos un buffet variado y asombrosamente sano, que te permitía componer platos equilibrados si te lo proponías. Observando los platos de mis compañeros del este, pude observar desde el primer día que sus desayunos eran totalmente distintos a los de españoles e italianos, ya que nunca faltaban vegetales crudos, sobre todo pimiento rojo, alguna que otra ensalada y los famosos huevos revueltos, también había quien empezaba el día con matsoni (una especie de kéfir de leche de vaca) y pan con mantequilla. Desde luego, los países del este de Europa no entienden el desayuno como los españoles nos hemos empeñado en presentar: zumo de naranja, tostada y café con leche; ellos consideran el desayuno una comida más del día, en la que incluir frutas y verduras enteras y crudas es una muy buena opción, y algo curioso que también dicen, es que el desayuno depende del día y del humor con el que despiertes.

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Matsoni con miel

Cuando bajaba a desayunar, me sorprendió que no hubiera tostadora, ni tomate rallado, ni bollería; lo que sí podía encontrar eran diferentes tipos de queso, vegetales de todo tipo crudos y algunos asados, fruta, huevos revueltos, pan integral y con semillas, yogurt, porridge de avena, y como menos recomendable, salchichas y bizcocho casero. Es destacable, que precisamente estas dos últimas opciones eran las menos elegidas por los países del este y las más elegidas por españoles e italianos.

Personalmente, siempre he sido una persona que come para desayunar lo que le pida el cuerpo, a veces tostadas, a veces pisto o lentejas, como ya sabéis los que mejor me conocéis; por supuesto, a veces también caen algunas galletas, pero como normalmente no tengo en casa, son las menos veces. Desde que volví de Georgia, sin embargo, me he empezado a aficionar a comer huevos revueltos con pimiento rojo crudo, tenéis que probarlo, es como mojar el pimiento en el humus pero más rápido de hacer.

Con este post tan solo quería sumarme a lo que algunos nutricionistas españoles ya están transmitiendo:

  • El desayuno perfecto no existe.
  • Come lo que quieras o lo que tengas.
  • Trata que tu desayuno te nutra, te de energía y te permita sentirte satisfecho durante toda la mañana.
  • Aunque si pasas del desayuno, tampoco pasa nada.
  • Y recuerda, que porque vivas en el Mediterráneo, tu alimentación no se vuele saludable por arte de magia.

Georgia, espero poder visitarte de nuevo, a ti y a todos los amigos que allí dejo.

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Muchas gracias a ti por leerme una vez más, y si quieres que hable más sobre la comida georgiana o te cuente alguna curiosidad, no dudes en decírmelo en mis redes sociales o en un mensaje a mi correo electrónico patricia@saboresfit.es 

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