¡Muy buenas tardes!

Perdona estos dos días que te he tenido sin noticias por aquí, pero he estado asistiendo a unas formaciones ¡para no parar de mejorar día a día! Además, he de confesarte que he estado trabajando en un cambio de imagen del blog y del logotipo, espero que en breves esté todo listo y pueda ofrecerte algo más vistoso; mis recursos de diseño gráfico son muy limitados pero estoy trabajando en mejorarlos también.

Por último, decirte que este blog ha surgido un poco de improviso, una amiga me sugirió que hablara sobre la ansiedad y comentándolo con Andrea Parejo (¿te acuerdas de ella? Es la psicóloga que te presenté en el post anterior), nos ha parecido una excusa muy buena para colaborar de nuevo.


¡Vaya! Creía que había comido bien hoy, pero me acaba de dar un hambre… qué curioso justo ahora que estoy viendo la televisión, o estudiando y haciendo los deberes, o esperando a alguien… justo ahora que no tengo nada que hacer y descubro que me queda un paquete de galletas de chocolate en casa, ¡pero qué curioso!

  • Oye tía, ¡tengo mucha hambre! Vamos a comer algo.
  • ¿Quieres que te ponga un plato de tortilla con ensalada?
  • Mmmm…la verdad es que prefiero una hamburguesa con bien de salsa y bien de patatas.
  • ¡Oh! Entiendo

Estos han pretendido ser una serie de ejemplos con los que todos nos podemos identificar en cualquier día de aburrimiento extremo. ¿Son hambre real o sólo gusa?

  1. Si aparece de repente: es gusa.
  2. Si te apetece un alimento concreto que resulta ser muy dulce o salado: es gusa.
  3. Si empiezas a hacer algo y te olvidas: era gusa.
  4. Si estás triste o feliz: no lo pagues con la comida, realmente no te aportará nada.

Por el contrario, una sensación de vacío interior que puedes confundir con un agujero negro en tu estómago, posiblemente sea hambre real si:

  1. Aparece lentamente y cerca de las horas donde ingieres alimentos
  2. Ese día casi no has comido o directamente no has comido nada.
  3. Estás extenuado tras un ejercicio muy demandante: triatlón, maratón, 2 horas de pesas… Salir a pasear 30 minutos no es ejercicio, es la mínima cantidad de actividad física que deberías hacer a diario.

Trata de identificar primero qué tipo de hambre es: emocional (gusa) o real (agujero negro); y en consecuencia, toma las mejores decisiones; y para ello, te vamos a proponer algunas entre Andrea y yo.

Hambre real

  • Prepárate una comida sabrosa y nutritiva. No te dediques a picotear, pues no te saciarás nada y al final terminarás por comer una comida grande, además de todo lo que ya comiste antes innecesariamente.
  • Si sabes que habrá días que casi no tengas tiempo de cocinar, ¡planifícate! No hay nada más gratificante que llegar a casa tras una jornada de trabajo y encontrarte la comida hecha.
  • Asegúrate de comer variado y…SABROSO. Esto no significa que le eches sal en exceso a todo, sino que varíes tus alimentos, te los presentes adecuadamente en el plato y disfrutes de los sabores y técnicas culinarias que te gustan; siempre sin perder de vista la salud (no me vale que solo comas fritos porque sea lo que más te guste, lo siento).
  • En jornadas de trabajo intenso o donde pasas mucho tiempo fuera de casa, no olvides los salu-snacks: un puñito de nueces con un par de frutas puede salvarte de esta sensación tan incómoda.
  • Si eres un gran deportista, (pero si no lo eres, también) asegúrate de que ingieres las calorías necesarias, repartidas en los alimentos y número de ingestas más adecuadas para ti.
  • Por último, aunque pases un poco de hambre alguna vez, no va a pasarte nada: ni vas a perder músculo, ni vas tener un metabolismo más lento, ni te va a caer el azúcar en picado…¡ay, el azúcar! Esto da para otro post.

Por supuesto, todo esto, y más el último punto, se aplica a personas totalmente sanas, si tienes problemas metabólicos, diabetes o cualquier afección, no es suficiente con leer un blog (aunque lo escriba un profesional): vete al dietista-nutricionista de cabeza.

Hambre emocional

  • Si el motivo son los nervios ante un examen, cita, revisión médica u otro acontecimiento, puedes practicar la respiración abdominal. Para ello trata de hinchar el abdomen con cada inspiración y deshincharlo en la espiración. Esta técnica te ayudará a realizar un intercambio más adecuado de gases y a relajarte.
  • Si te descubres comiendo por aburrimiento, piensa qué actividades puedes hacer para distraer tu mente; llamar a alguna persona, leer, hacer ejercicio o practicar alguna afición son algunas de las tareas que puedes realizar. Piensa en cuáles podrían funcionar para ti y anótalas para realizarlas cuando te descubras aburrido.
  • Cuando estés triste, procura realizar actividades que te pongan de buen humor. Además de las actividades del punto anterior, opcionalmente puedes preparar alguna comida que te guste para subir el ánimo procurando no pasarnos de las calorías previstas y sobre todo entendiendo que debemos identificar la causa de nuestra tristeza, para poder solucionarlo correctamente. La comida no puede ser tu refugio emocional; además, si sentirte triste es habitual en ti, deberías consultar a un profesional de la psicología para descartar o tratar una posible depresión.
  • Cuando te sientes muy alegre puedes dejarte llevar por la emoción y no pensar en la cantidad de comida que estás ingiriendo, sobre todo si la tienes a mano. Para que esto no ocurra, no compres comida rápida, sigue el menú previsto y expresa tu alegría agradeciendo a amigos, compañeros, familiares, etc. También puedes poner en práctica alguna técnica de meditación.

Y como último apunte, tanto tú como nosotras somos seres humanos, si un día nos ofrecen un dulce que no teníamos previsto tomar, pero en ese momento nos apetece tomarlo, lo hacemos sin ningún remordimiento, tú debes hacer igual, en este caso tienes que apreciar la diferencia de contexto:

  1. No te has dejado llevar por la emoción, simplemente te lo han ofrecido y tú tomas una porción prudente que disfrutarás doblemente, por el hecho de que te gusta el sabor y por el hecho de que estás controlando en todo momento lo que quieres llevarte a la boca.
  2. No lo tenías en casa o no saliste exclusivamente a buscarlo, porque una necesidad imperiosa sin definir te lo sugería; simplemente el momento se produjo.
  3. Reforzarás aun más tu autoestima, viéndote capaz de controlar otros momentos en los que te ofrezcan el mismo dulce y puedas rechazarlo, pues sabes que no estás obligado a tomarlo, no te genera ansiedad y solo te produce placer en el momento que tú aceptes el ofrecimiento.

Consejito extra para cuando todo falla..muerde zanahoria, ¡no hay nada más saciante que masticar un buen rato!

Y hasta aquí todo; espero que si aplicas estos consejos o te ayudan a identificar mejor tus ataques voraces, compartas tu experiencia con nosotras, esto además de hacernos sentir satisfechas, nos ayudará a seguir mejorando la información que recibirás.

¡Un saludo y nos vemos por las redes!

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