¡Hola de nuevo!

Espero que estés disfrutando a tope del puente, puedes encontrar consejos prácticos y alternativas de alimentos en mi Instagram @thrishahale para que disfrutes estos días de la mejor manera, también los he dejado como destacados para que puedas verlos siempre que quieras.

Las festividades se suelen asociar a un consumo muy elevado de ultraprocesados y dulces; y como ya sabemos, estos productos suelen contener en su mayoría aceites vegetales de mala calidad, entre ellos el aceite de palma, por lo que he encontrado el día de hoy como una buena oportunidad para pedirle a un tecnólogo de los alimentos que nos explique un poco mejor qué es el aceite de palma.

Él es Alejandro H. Sánchez Baca, graduado en Ciencia y Tecnología de los Alimentos por la UGR y con un Máster en Agroalimentación por la UCO; además, es un viejo amigo mío con el que me emociona mucho poder compartir este proyecto tan reciente como es “Tu nutricionista en las Redes”.

Sin más dilación, ¡empezamos!

Hasta hace pocos años, el aceite de palma no era más que una grasa indiferente a los ojos del consumidor, dado que se ocultaba bajo el nombre de grasa vegetal. Hoy en día este ingrediente, que ya aparece por su nombre, supone casi un trance para muchas personas que miran las etiquetas de los productos antes de consumirlos.

Esta grasa, usada desde casi la industrialización de la alimentación, ha ido superando líneas productivas desde 1995 hasta los más de 60 millones de toneladas anuales que se producen actualmente.

Este incremento no solo ha supuesto una sobreexplotación agrícola en las zonas de producción, sino una importante afección a la salud de un consumidor que cada día modifica más su patrón alimentario hacía una forma de comer menos natural o tradicional.

Siendo justos, no podemos culpar exclusivamente al aceite de palma del aumento de riesgo cardiovascular y sobrepeso en la población, es su consumo elevado, acompañado de azúcares y harinas refinadas presentes en los ultraprocesados, lo que en conjunto empeora la salud de la población.

Además, la posición en la que encontramos el ácido palmítico en el aceite de palma, es muy importante (en el próximo post hablaré sobre los conceptos básicos que hay que conocer sobre las grasas, para que entiendas mejor a qué me refiero cuando hablo de la posición del ácido graso). Actualmente se sabe que la posición 2 o beta del ácido palmítico, no se relaciona con alteraciones del perfil lípido, de hecho, la leche materna tiene ácido palmítico en su composición y en esta posición, siendo uno de los motivos por lo que los niños tienen ese crecimiento tan rápido durante los primeros meses y hasta los 3 años, debido a la adición de ácido palmítico a fórmulas infantiles.

Por otro lado, se sabe que los aceites de palma más usados en industria tienen el ácido palmítico en posición 1 ó 3, lo que impide la correcta absorción de las grasas, además de relacionarse con un aumento de riesgo cardiovascular, debido a que es una aceite saturado; a esto, podemos añadirle la presencia de sustancias con potencial genotóxico (ácidos glicidílicos), a consecuencia del procesado a alta temperatura que sufre el aceite de palma en la industria (fácilmente explicado: al calentarlo mucho produce sustancias que aumentan el riesgo de cáncer en nuestro organismo).

El impacto ecológico puede que se lleve la peor parte. Asociaciones y algunas instituciones como la Fundación Mona, Greenpeace, etc., denuncian que el ritmo acelerado que está tomando la producción de la palma en zonas del caribe, Colombia, Nigeria, etc., ha borrado los límites de la ética natural y está poniendo en jaque ecosistemas de gran valor biológico.

Datos como la posible extinción de los orangutanes en los próximos 5-10 años, o la destrucción del 98% de las áreas forestales de Indonesia en 2022 (datos de la Fundación Mona), alarman sobre el gran problema medioambiental sobre la que la mayor parte de los gobiernos e industrias alimentarias hacen la vista gorda.

Dejando este debate abierto por el momento, y centrándonos en el producto como ingrediente, se debe comentar que el gran uso que se ha tomado del aceite de palma en la industria de la alimentación no es fortuito ni por casualidad; se buscaba un aceite que pudiera sustituir a las malsanas grasas hidrogenadas y en este contexto es cuando surgió este producto; quién puede resistirse a usar un producto que tiene una alta temperatura de fundición, hace más untuoso un alimento como la margarina, abarata la producción de snacks y pasteles frente al uso de otras grasas, se degrada más dificultosamente, ya que se enrancia menos y aguanta temperaturas más altas en una fritura, aporta sabor intenso y sabroso, etc.

Dicho esto, hay que plantearse que, si se usa para la producción de un alimento un aceite saludable, especificaría cuál es, pues es un valor añadido al producto. Cuando aparece en la etiqueta “elaborado con aceites vegetales”, plantéate si comprarlo o no. En realidad, te está queriendo decir: “elaborado con aceite de mala calidad”.

Esperamos que te haya sido útil.

¡Un saludo y nos vemos!

 

LinkedIn Alejandro: https://www.linkedin.com/in/alejandrosanchezbaca

 

 

 

Referencias